Por más que uno intente ser optimista, la realidad golpea fuerte cuando la Selección Nacional de Guatemala salta a la cancha en partidos decisivos. La reciente presentación en Kingston ante Jamaica fue otra muestra de un equipo que no pudo —o no quiso— oponer resistencia. La derrota fue más que previsible, pero lo preocupante no es el marcador, sino la forma. La sensación es que Guatemala sigue atrapada en un fútbol de medias tintas: ni defiende con decisión ni ataca con convicción. Y así, lamentablemente, no se avanza.
Actitud y compromiso: señales preocupantes
No es un problema nuevo. Desde hace tiempo se percibe una falta de actitud en el campo. Los jugadores parecen no entender el peso de portar la camiseta nacional. Se juega a un ritmo cansino, sin explosión, sin esa solidaridad necesaria cuando uno de los compañeros tiene el balón. Los relevos llegan tarde, la presión es simbólica, el regreso es lento. Se juega demasiado para atrás, como si el objetivo fuera pasar el tiempo y no buscar el arco rival.
Lo más preocupante es que ese desgano parece contagiarse. ¿Cómo es posible que haya que gritarle a un jugador al medio tiempo para que reaccione? ¿Cómo se puede competir internacionalmente con futbolistas que se ofenden cuando se les exige actitud? La Selección necesita más compromiso, más amor propio. No se puede ir a Kingston o a cualquier cancha con la intención de ser meros espectadores del rival.
Errores tácticos y decisiones técnicas discutibles
El papel del técnico Luis Fernando Tena tampoco puede quedar exento de crítica. Sorprende que a estas alturas todavía se esté experimentando con jugadores fuera de posición. Los partidos oficiales no son el laboratorio para probar fórmulas improvisadas. Si en sus clubes juegan en una posición específica, ¿por qué colocarlos en roles ajenos en la selección?
Además, es inadmisible seguir insistiendo con futbolistas que no están en forma o ni siquiera son titulares en sus equipos. Hay material para trabajar mejor. El fútbol guatemalteco, limitado como es, tiene suficientes jugadores con más sacrificio y rendimiento que varios de los que fueron convocados para estos partidos.
Convocatorias sin mérito y exclusiones inexplicables
Que jugadores como Antonio “Chucho” López o Jorge Aparicio no estén siendo considerados es incomprensible. López ha demostrado, una y otra vez, su capacidad en la medular y su capacidad para generar fútbol. Aparicio aporta equilibrio, sacrificio y recuperación, justo lo que le hace falta a este equipo desordenado. Y qué decir de Dewinder Bradley, un delantero con gol, compromiso y trabajo, cualidades que claramente hacen falta en este esquema ofensivo sin punch. ¿Por qué insistir con Darwin Lom o con Rubio Rubín, cuya continuidad en sus clubes es intermitente?
Estas son decisiones que levantan cejas no solo entre analistas y periodistas, sino entre el propio aficionado, que ya está cansado de ver siempre los mismos errores sin corrección.
La mentalidad de medias tintas y el futuro inmediato
Hay una resignación peligrosa en el ambiente. Ahora mismo, parece que se juega esperando que los rivales más poderosos sufran bajas, como si la clasificación dependiera más de la suerte ajena que del trabajo propio. Eso tiene un nombre: fútbol de medias tintas. Un equipo que no se anima a proponer, que se encierra temeroso, que prefiere perder por poco en lugar de arriesgar, está condenado al estancamiento.
La afición no pide milagros. Lo que exige es entrega y dignidad. Preferimos mil veces perder con valentía que seguir acumulando derrotas sin alma, encerrados atrás, jugando a ver si el rival se equivoca. El fútbol guatemalteco merece otra mentalidad, otro enfoque.
Conclusión: Mejor perder intentándolo que seguir cayendo por inercia
¿Y ahora qué sigue? La Copa Oro está a la vuelta de la esquina, y ojalá me equivoque, pero si no se cambia de mentalidad, el guion está escrito: más derrotas decorosas pero insulsas, más justificaciones técnicas, más excusas vacías. No somos técnicos, es cierto, pero sabemos de fútbol, y el análisis objetivo no miente.
Es momento de elegir: o se sigue en las medias tintas, o se apuesta por un proyecto serio, valiente, que proponga y busque el protagonismo. Prefiero perder intentándolo que seguir cayendo por inercia.
Y por el bien del fútbol guatemalteco, ojalá alguien en la Federación también lo prefiera y me tapen la boca con el cambio que se necesita.
Lo rescatable: juventud con futuro y un arquero solitario
No todo es negativo. En medio de este panorama sombrío, hay que reconocer que algunos jugadores jóvenes están mostrando carácter y talento. Arquímides Ordóñez sigue confirmando que tiene el físico, la actitud y el olfato de gol que tanto necesita esta selección. Matt Evans y Olger Escobar también son de lo poco rescatable en términos de propuesta y ganas.
Y no se puede pasar por alto la actuación de Nicholas Hagen. El arquero fue el único que mostró reflejos y seguridad, atento para evitar una goleada aún mayor. Lamentablemente, su defensa lo dejó completamente expuesto. Cuando el portero es figura constante, es un reflejo claro de que algo está funcionando mal más adelante. Esto contrasta con su actuación contra República Dominicana, donde se pudo rescatar el resultado en el segundo tiempo, luego de los lamentables errores del mismo Hagen.
Estos jóvenes representan la esperanza de un recambio generacional, pero necesitan respaldo, trabajo serio y un entorno que no les arrastre a la misma mediocridad de siempre.



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