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Seis meses por un codazo que el video no muestra: ¿quién sanciona al árbitro?

Estuardo García Carrera 6 horas ago

La sanción contra Edwin “Chino” Vásquez abre nuevamente el debate sobre la calidad del arbitraje y sobre el uso que se hace de la tecnología en el fútbol guatemalteco.

Seis meses de suspensión y Q10 mil de multa. Esa es la sanción impuesta al director técnico de Deportivo San Pedro, Edwin “Chino” Vásquez, luego del incidente protagonizado con el jugador de Cobán Imperial, Kenneth Valdez, durante el partido disputado el pasado domingo.

La resolución del Órgano Disciplinario se fundamentó en el reporte arbitral de Cristopher Corado, quien consignó una agresión de Vásquez contra el futbolista cobanero. De acuerdo con lo publicado sobre la resolución, el informe describe un codazo por la espalda y, con base en esa conducta, se aplicó el artículo 67 del Reglamento Disciplinario de la Liga Nacional.

Y aquí comienza el verdadero problema.

Nadie está diciendo que Edwin Vásquez actuó correctamente. No lo hizo.

El técnico de San Pedro no tenía por qué entrar en un forcejeo con un jugador rival. Su responsabilidad, por su posición dentro del espectáculo, era apartarse y dejar que los árbitros resolvieran la situación.

Pero una cosa es reconocer ese error y otra muy diferente es aceptar sin cuestionamientos que aquello fue una agresión con un codazo.

¿Qué muestran las imágenes?

La secuencia merece ser revisada con detenimiento.

Kenneth Valdez había terminado en el área técnica de San Pedro después de una disputa por el balón. Según las crónicas del encuentro, el futbolista se reincorporó tomando la pelota y fue entonces cuando se produjo el enfrentamiento con Vásquez, quien terminó expulsado. El incidente provocó posteriormente un altercado entre integrantes de ambos equipos.

Vásquez se equivocó al involucrarse.

Eso no está en discusión.

Lo que sí está en discusión es la naturaleza de ese contacto y la manera en que fue descrito posteriormente en el informe arbitral.

Al observar las imágenes disponibles de la transmisión, la acción no permite identificar con claridad un contacto directo del codo de Vásquez sobre el rostro o la espalda de Valdez que corresponda inequívocamente con la descripción de una agresión de esa naturaleza.

Y esa diferencia no es un detalle menor.

Porque cuando una persona puede perder seis meses de trabajo y un club puede perder durante buena parte de la temporada a su director técnico, la descripción de la acción tiene que ser absolutamente precisa.

El primer error fue de Vásquez. El segundo, del arbitraje.

Hay que decirlo con claridad: el primer error lo cometió Edwin Vásquez.

No debió existir ese forcejeo.

Pero también resulta discutible la actuación del árbitro Cristopher Corado durante una jugada en la que, antes de llegar al enfrentamiento con Vásquez, Valdez había participado en una disputa por la pelota y posteriormente terminó nuevamente en el suelo.

Desde una interpretación de la acción, lo que correspondía era controlar el incidente desde el principio y sancionar la conducta antideportiva que estuviera efectivamente acreditada.

Si un jugador intenta retrasar la reanudación del juego, debe ser amonestado. Si un integrante del cuerpo técnico abandona su función y entra en un forcejeo con un rival, también debe ser sancionado.

Pero una cosa es sancionar una conducta incorrecta y otra elevarla a la categoría de agresión física grave cuando las imágenes no permiten comprobarla con claridad.

Ese es precisamente el punto que debería discutirse.

El Órgano Disciplinario no inventó la sanción

También sería injusto responsabilizar exclusivamente al Órgano Disciplinario.

El organismo recibió un informe arbitral y, de acuerdo con la información publicada, aplicó la normativa correspondiente. La sanción de seis meses y Q10 mil está vinculada al artículo 67 del Reglamento Disciplinario.

Es decir, el problema no necesariamente está en quien aplica la norma.

El problema puede estar mucho antes: en la información que recibe el organismo encargado de sancionar.

Si el reporte arbitral establece que hubo una agresión mediante un codazo y las imágenes disponibles muestran una secuencia diferente o, como mínimo, insuficiente para comprobar esa descripción de manera contundente, entonces existe una pregunta inevitable:

¿Por qué no se confrontó el reporte con el video antes de imponer una sanción de seis meses?

Estamos en 2026.

La Liga Nacional cuenta con herramientas de video. Los partidos son grabados. Las jugadas pueden revisarse. El propio FVS fue utilizado durante este partido en diferentes acciones.

Entonces resulta difícil entender que una decisión disciplinaria de semejante magnitud pueda descansar exclusivamente sobre la narración escrita de una jugada cuando existe material audiovisual para comprobarla.

¿De qué sirve la tecnología si solamente se utiliza cuando conviene?

Esta es probablemente la pregunta más incómoda.

Durante el mismo partido, el FVS fue utilizado para revisar distintas acciones. Incluso Vásquez solicitó una revisión en la expulsión de Germán Águila, pero Corado mantuvo su decisión después de observar las imágenes.

Sin embargo, cuando hablamos de la sanción posterior al entrenador, parece que el video deja de tener el mismo peso.

Y eso genera una contradicción.

Si la tecnología existe para acercarnos a la verdad de lo ocurrido en el terreno de juego, también debería servir para determinar si un informe arbitral describe correctamente una acción que posteriormente será utilizada para imponer una sanción.

No se trata de defender a Vásquez a cualquier costo.

Se trata de defender un principio mucho más importante: las sanciones deben corresponder a los hechos comprobados.

Corado tuvo una tarde complicada

El partido entre San Pedro y Cobán Imperial estuvo marcado por las decisiones arbitrales. Hubo expulsiones, reclamos, utilización del FVS y un ambiente que terminó calentándose considerablemente. San Pedro concluyó el encuentro con tres expulsiones.

El propio San Pedro cuestionó públicamente el arbitraje y pidió “justicia, imparcialidad y deportividad”.

Por supuesto, también existe una postura contraria. El director del Departamento de Arbitraje de la Federación de Futbol de Guatemala, Felipe Ramos Rizzo, defendió públicamente la decisión arbitral en la expulsión de Germán Águila y calificó como correcta esa decisión.

Eso demuestra precisamente que el debate no debería resolverse con comunicados, opiniones o versiones enfrentadas.

Debería resolverse con imágenes.

Y el problema ya no parece aislado

Lo ocurrido con Vásquez llega en un momento en el que el arbitraje guatemalteco vuelve a estar bajo cuestionamiento.

Recientemente, por ejemplo, el FVS tuvo protagonismo en partidos de Antigua GFC, incluyendo una acción de penal que fue revisada y modificada después de acudir al monitor.

Más recientemente, en el partido Xelajú-Antigua, el sistema también intervino en decisiones importantes, incluyendo la validación de un penal.

La tecnología debería ser una herramienta para reducir errores.

Pero cuando las decisiones continúan generando controversia incluso con la tecnología disponible, el problema ya no es solamente la existencia de errores humanos.

Es la manera en que se utiliza la herramienta para corregirlos.

El fútbol no puede sancionarse a partir de percepciones

Edwin Vásquez debe asumir su responsabilidad por haberse involucrado en un forcejeo con un futbolista rival.

Eso es indiscutible.

Pero también debería existir responsabilidad institucional cuando una descripción arbitral tiene consecuencias tan severas.

Porque seis meses no son una tarjeta amarilla.

Seis meses significan perder buena parte de un campeonato, afectar la planificación de un club y alterar directamente el trabajo de un entrenador.

Y si existe un video que puede demostrar qué ocurrió realmente, lo mínimo que merece el fútbol guatemalteco es que alguien se tome el tiempo de verlo antes de convertir un reporte arbitral en una sentencia.

El arbitraje necesita autoridad, sí.

Los árbitros necesitan respaldo, también.

Pero la autoridad no puede significar infalibilidad.

Y cuando existe evidencia audiovisual que puede contradecir o poner en duda una decisión, revisarla no debilita al árbitro ni al organismo disciplinario.

Al contrario.

Lo fortalece.

Porque el verdadero problema no es que un árbitro se equivoque.

El verdadero problema aparece cuando, teniendo las herramientas para corregir el error, nadie quiere hacerlo.

Y mientras tanto, el Deportivo San Pedro tendrá que enfrentar una sanción de seis meses para su entrenador por una acción cuya descripción en el reporte arbitral hoy está siendo cuestionada por las imágenes.

Quizá este caso termine resolviéndose mediante una apelación.

Pero independientemente de lo que ocurra con Edwin “Chino” Vásquez, queda una pregunta que el fútbol guatemalteco debería responder:

¿Estamos utilizando la tecnología para buscar la verdad o simplemente para darle tecnología a los mismos errores de siempre?

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Director de Antigua Esportiva. Periodista con más de 24 años de profesión. Locutor y comentarista deportivo, actualmente en Emisoras Unidas de Guatemala.

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